Bueno pues para los que sigan intrigados con qué sucedió después de aquella prueba de moral, tengo que decir que como buen Lasallista y medio hijo de la gran O (¬¬), me vi obligado a devolver la famosa tarjeta a su dueño.
Ya sé que el final de esta historia apestó, pero lo que en verdad les quería compartir no era este final, sino ver lo que opinaban de mí y lo que podía conocer más de ustedes. Sé que más de uno ya sabía lo que iba a hacer, pero me dio mucho gusto saber que este espacio sirve para compartir muchas cosas y aprender más.
Agradezco a los que comentaron algo aquí o por otros medios y les prometo que la próxima está mejor